Después de muchos problemas resueltos, muchos fuegos extinguidos y muchos agujeros tapados, regresamos al blog para seguir desgranando, siempre de manera práctica y basada en la realidad más cercana, los entresijos de una PYME.
Hoy hablaré de la pieza fundamental en toda empresa que se precie: el emprendedor. Aunque en mis primeras entradas aclaraba que ser emprendedor es una filosofía de vida, debemos tener claro si verdaderamente queremos llevar a la práctica esa característica de nuestra personalidad: ¿realmente quieres ser empresario?
Antes de ponernos manos a la obra y embarcarnos en una aventura empresarial, es imprescindible analizar las implicaciones que conlleva convertirse en empresario, desde el punto de vista del esfuerzo económico, familiar, temporal y personal que nos veremos obligados a soportar. Ser empresario (aún más en el caso de serlo sin socios de ningún tipo) implica una serie de sacrificios que, por momentos, pueden ser muy difíciles de sobrellevar. Para empezar, es muy probable que tu entorno más cercano (amigos, pareja, familia, etc.) no esté de acuerdo con el riesgo que comenzarás a correr e intentarán, por todos los medios, que des marcha atrás. Esto es algo muy habitual ante lo que deberemos de hacer un ejercicio de empatía para comprender que todos ellos buscan lo mejor para nosotros: probablemente -siempre hay excepciones- ellos no estarían dispuestos a asumir el riesgo que nosotros, por nuestra personalidad emprendedora y aventurera, estamos dispuestos a soportar. Si realmente estamos convencidos de que podemos triunfar, convencerlos a ellos no debería ser muy complicado.
Por otro lado, iniciar una empresa requiere, por norma general, un esfuerzo económico doble: invertir nuestros pocos o muchos ahorros en la empresa y acostumbrarnos a unos ingresos muy bajos e, incluso, nulos, al principio del camino. Este punto suele generar muchísimos conflictos con nuestra pareja o cónyuge, pues no suelen entender la necesidad de sufrir apreturas económicas, pudiendo trabajar por cuenta ajena. Mucho diálogo y comprensión son suficientes para superar, también, este escollo. Eso sí, deberán acostumbrarse a vivir con lo mínimo, salvo que dispongan de un colchón suficiente para aguantar los primeros años de vida de la empresa.
Quizás el principal inconveniente, al menos en mi caso y en el de muchos otros compañeros emprendedores, es el gran déficit de tiempo libre que resta para la familia, después de descontar las horas del día que dedicaremos al ejercicio de la gestión del negocio. Cuando somos empresarios, y esto es algo que se acentúa en los primeros años de vida de la empresa, todo tiempo que dediquemos a la actividad se nos hace poco y siempre estaremos birlando tiempo de nuestro ocio para terminar aquel informe que se nos resiste o para visitar a aquel cliente que tanto nos interesa. Aunque nuestro alto grado de motivación nos permite sobrellevar esta situación sin ningún problema, puede que nuestra familia no entienda de manera tan sencilla que siempre "estemos ocupados". Para evitar conflictos y problemas que, a la larga, pueden ser críticos, es importante sentarnos con ellos y consensuar los sacrificios que nos veremos obligados a hacer y hasta dónde estaremos dispuestos a aceptarlos. Llegar a pequeños acuerdos, tales como reservar ciertos días u horas considerados intocables, que serán dedicados a la familia suceda lo que suceda o respetar los horarios de trabajo establecidos, pueden ser soluciones que ayuden a sobrellevar, de mejor manera, el precio que habrá que pagar por ser empresario.
Si después de leer esto, sigues empeñado en tener tu propia empresa, ¡adelante!, tienes alma de emprendedor.
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